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La Navarra del renacimiento macabro

Navarra es una pequeña monarquía situada al nordeste del país, solida e incondicionalmente fiel a su nobleza y la corona. Por suerte para el país, no se encuentra en la trayectoria de la amenaza que supone la Horda Nueva.

Casi toda la nación es montañosa, con una pequeña zona que da al Atlántico. Sus rutas comerciales serpentean entre los montes hacia el este, hacia Aquitania, protegidas por caballeros de ambos reinos, hacia el oeste, en dirección al Santo Reino y Burgos, y al sur, hacia Aragón. Mantiene excelentes relaciones con todos estos feudos.

Tras los terribles años de la Edad Oscura, hoy Navarra es un feudo bien armado y fortificado, seguro dentro de sus propias fronteras. Varios castillos, torres y murallones defienden los pasos y pueblos de montaña, mientras que las ciudades amuralladas y fortalezas del valle del Ebro protegen esta fértil cuenca, habitada por por campesinos y pastores, impidiendo que los muertos procedentes de Aragón remonten el río.

La anciana y afable Blanca de Navarra es bien querida por todos y mantiene una sincera amistad con el rey-papa, algo que, tal y como es Constantino II, puede considerarse un auténtico milagro. Navarra optó hace tiempo por someterse a la obediencia de Aviñón como doctrina oficial del reino y la propia Blanca de Navarra es miembro de la Milicia Áurea.

Los dos cuerpos militares más característicos del reino son los campeadores y los matamuertos. Los primeros son caballeros ordenados que patrullan las vías del país y los caminos de Santiago, manteniendo así el contacto entre los diversos castillos navarros y los feudos vecinos. Los segundos son tropas de choque, reclutados entre la gente del pueblo, que limpian los campos de toda amenaza, se ocupan de descarriados y bestias infernales o patrullan las fronteras. En ausencia de muertos y sin conflictos internos, las principales amenazas del reino son los bandoleros de Castilla, los saqueadores marinos y los contrabandistas y brujas vascas.

La fuerte asociación con el Sacro Imperio hace que en el reino, y en especial su capital, Pamplona, haya numerosos viajeros, mercaderes y aventureros franceses. Tampoco es que falten monjes y caballeros de esta procedencia: puedes afirmar sin temor a equivocarte que todas las órdenes religiosas del Sacro Imperio tienen algún tipo de representación en Navarra.