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Los mundos que escribes buscan un hogar

Los mundos que escribes es un libro enfocado a jóvenes escritores que quieran iniciarse en el mundo de la teoría de escritura literaria sin meterse en grandes complejidades pero sin ser tratado tampoco como si fuera un estúpido.

En sagada promesa de crowdfunding, esta editorial se comprometió a donar 20 ejemplares a bibliotecas públicas e institutos por todo el país. Gracias a vuestra colaboración hemos contactado y enviado ya 9 ejemplares, pero nos faltan once todavía por entregar.  Lógicamente, en un paseo por los distintos institutos de nuestra ciudad podríamos entregarlos todos, o buscando al azar en internet podríamos encontrar infinidad de lugares. Pero nos gustaría que llegaran a sitios un poco comprometidos con la creación literaria. Sitios donde realmente estos libros pudieran brillar.

Así que nos toca pediros ayuda ¿conocéis algún sitio apropiado donde alguno de estos 11 libros pueda llegar al alcance de posibles futuros escritores? Las propuestas enviadnoslas a contacto@htpublishers.es, por favor.

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Último día de Los mundos que escribes

Conflictos internos y externos

Lo importante de saber que existen diversos tipos de conflictos es esto: todos pueden acabar clasificados en dos grandes categorías.

Esas categorías son «conflictos internos» y «conflictos externos».

Un conflicto interno es el que viene de dentro del personaje, de su forma de ser, de sus defectos o debilidades como persona, de su manera de pensar, de sus prejuicios, de sus miedos. En estos conflictos el obstáculo que se debe superar está en el propio personaje.

Un conflicto externo es el que le viene impuesto al personaje desde fuera. Puede provenir de la sociedad, de las leyes, de la naturaleza, de la violencia física… Aquí el obstáculo al que se enfrenta el personaje está en el exterior, no en su interior.

Ambos tipos de conflicto pueden ser igual de interesantes. Si los desarrollas bien, no se puede decir que un conflicto externo, por ejemplo, sea más intenso o fuerte que uno interno. O viceversa.

Pero esto es lo más importante: ambos tipos de conflicto son necesarios.

Hacer una buena mezcla de conflictos para una historia es como preparar una salsa: si todos los ingredientes están en la proporción adecuada, el sabor resultante estará lleno de matices. Pero si abusas de uno de los ingredientes, si te olvidas de los demás, la salsa que te salga no tendrá el mismo carácter.

Eso es lo que pasa con una historia y sus conflictos.

Si solo pones conflictos de tipo interno, a la larga aburrirá. Parecerá que todo lo que ocurre tiene que ver con las vueltas mentales que le da el personaje a las cosas. Al cabo de un tiempo, los lectores se aburrirán de tanta introspección.

Por otro lado, si todos los conflictos son externos será difícil que nos identifiquemos con el personaje. No sabremos cuáles son sus demonios interiores, no veremos cómo lucha el personaje contra ellos, y eso hará que lo veamos más lejano.

La clave, pues, está en mezclar bien ambos tipos de conflicto.

Los mundos que escribes. Fabián Plaza Miranda

¡Hoy es el último día para participar en esta campaña! Todos los participantes en ella recibirán, gracias a la cortesía del autor, la versión digital de su novela más exitosa Con otros ojos. ¿Vas a perder la oportunidad?

Podéis verlo aquí.

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De jardineros y arquitectos

«Quizá ahora te preguntes: ¿Tengo que planificarlo todo antes de escribir? ¿Todos los capítulos, todos los personajes, todos los diálogos?
La respuesta es… depende.

En general, hay dos maneras de enfocar este tema y quienes usan cada uno de los dos sistemas han recibido distintos nombres. George R. R. Martin (el autor de Juego de tronos) los llama jardineros y arquitectos.

Los jardineros no planifican. La planta crece y los jardineros se limitan a verificar que esté sana y a podar cuando hace falta. Los jardineros no le dicen a la planta por dónde crecer, aunque pueden colocar un palo para que crezca recta.
Aplicado a la literatura, los jardineros no suelen hacer esquemas de por dónde debe ir la trama, o qué le va a pasar a cada personaje. Los jardineros imaginan una situación y se dejan llevar. Saben cómo son los personajes y los dejan actuar con libertad, no les obligan a hacer cosas solo porque «lo manda la historia». Tienen una idea general de hacia dónde va la narración, pero dejan que los personajes actúen como quieran y que surjan situaciones inesperadas.
Los jardineros necesitan conocer bien a los personajes, porque sino pueden acabar haciendo cosas incoherentes; la trama incluso podría ir a trompicones (lo que no pasaría si todo estuviera planificado). Pero a cambio los jardineros pueden sorprenderse mientras escriben y encontrar interesantes giros argumentales que aparecen de forma natural.

Por su parte, los arquitectos lo planifican todo. Hacen un plano de la casa antes de empezar, evalúan la solidez del terreno, colocan los ladrillos en el orden adecuado, verifican los niveles de carga de las paredes…, no dejan nada a la improvisación porque no pueden permitirse que la casa se derrumbe.
Desde el punto de vista literario, los arquitectos lo tienen todo registrado. Saben lo que le pasará a los personajes, cuándo habrá una sorpresa en la trama, hacia dóndetelefóse dirige cada diálogo. Cualquier cosa que ocurra estaba premeditada desde hacía tiempo.
Los arquitectos deben trabajar –y mucho– antes de empezar a escribir, puesto que deben tener controladas todas las variables. Pero gracias a eso sus historias pueden dirigirse con elegancia hacia el punto que los arquitectos deseaban, provocando en los lectores las emociones que querían provocar.
Dos puntos de vista muy diferentes, ¿no?

¿Cuál te parece que es mejor?
En realidad, ninguno es mejor que el otro. Aun diría más: no conozco a nadie que sea totalmente jardinero o totalmente arquitecto. Todas las personas que escriben tienen parte de ambos.

Así que te recomiendo que pruebes ambos estilos antes de decidirte. Escribe algo como jardinero y luego escribe otra cosa como arquitecto. Mira a ver cuál de las dos opciones se te hace más natural… y úsala a partir de entonces»

La campaña de financiación de Los mundos que escribes ha superado su ecuador, y cada vez estamos más cerca de tenerlo en nuestras manos. Ha sido mucho el trabajo que hemos realizado para llegar hasta aquí y nos hace una tremenda ilusión verlo ya tan cerca. ¡Muchas gracias a todos!